Seguro que también os pasa a vosotros: cuando asumes como algo cotidiano y necesario reciclar, generar menos residuos, utilizar lo justo el coche particular o consumir menos agua y energía, te ves intentando convencer de que hagan lo mismo a esos amigos y familiares que no tienen tan clara la trascendencia de estos comportamientos. A mí, con los primeros que me pasa es con los vecinos de mi comunidad.

Pues ahora, gracias al nuevo real decreto-ley que regula el autoconsumo, tengo más argumentos para animarles a dar otro gran paso: convertirnos en productores, a la vez
que consumidores, de energías renovables. Y además de forma tan directa y cercana como que la “central solar fotovoltaica” la tendremos sobre nuestro propio tejado.

Como ya os he ido contando en anteriores entradas en mi blog, la nueva legislación reconoce el derecho al autoconsumo compartido por parte de uno o varios consumidores para aprovechar las economías de escala. Vamos, que abre la puerta a instalar sistemas renovables en nuestro edificio, como por ejemplo una instalación fotovoltaica en la azotea.

El autoconsumo compartido encaja dentro del ámbito del consumo próximo. Son
instalaciones próximas las que están conectadas en la red interior de los consumidores asociados, unidas a estos bien a través de líneas directas o bien conectadas a la red de baja tensión derivada del mismo centro de transformación. De esta manera, se puede hablar de autoconsumo compartido en un edificio o un conjunto de edificios a través de redes internas.

Existen modelos muy diferentes de autoconsumo compartido, dependiendo de si el
edificio ya está construido o habitado o está por construir, de la superficie que tengamos disponible para la instalación, del gasto que estemos dispuestos a asumir, del servicio que queramos obtener o del grado de consenso que alcance la propuesta entre la comunidad de vecinos.

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La modalidad más sencilla de autoconsumo compartido es la de una instalación que
cubra las necesidades energéticas de las zonas comunes del edificio, como son la iluminación de escaleras, rellanos, portales, garajes y trasteros o el funcionamiento del
ascensor. Las posibilidades se amplían si hablamos en término de urbanización, con
piscinas y otras zonas comunes (patios, salas, zonas de juegos y deportes, etc.). En este caso se trata de una instalación básica y la titularidad corresponde a la comunidad de propietarios, única usuaria de la instalación

A partir de esta primera posibilidad se abren otras, como la instalación integral, más
completa y de mayor potencia, que permite abastecer de energía a las viviendas y a
los locales comerciales del edificio si los tuviera. En este caso, especialmente atractivo
para nueva construcción, el titular también es la comunidad de propietarios, que se encarga de facturar a cada uno de los vecinos.

Un último caso sería el de la instalación flexible, que en un principio sólo abastecería a
aquellos vecinos que hubieran decidido conectarse, aunque permitiría que otros vecinos se fueran sumando posteriormente, lo que la convierte en un tipo de instalación ideal para bloques de viviendas ya construidos.

Y que no se me olvide recordar que existen tanto empresas de servicios energéticos
como comercializadoras de energía a las que se puede contratar la tramitación, diseño
e instalación del sistema de generación de electricidad, y que pueden incluso ayudar
con la financiación del proyecto.