Cada día se habla más de huella ecológica. La razón es sencilla: por suerte para todos, y muy especialmente para las generaciones futuras, la humanidad ha entendido que no podemos consumir recursos naturales como si no hubiera mañana, porque el impacto ambiental está poniendo en riesgo la salud del planeta y de todos los seres vivos que lo habitamos.

_APR2739

La huella ecológica trata precisamente de medir ese impacto de las actividades humanas sobre la naturaleza. Y suele representarse por la superficie necesaria para producir los recursos y absorber esos impactos ambientales. Para calcularla hay que tener en cuenta todos los sistemas productivos: agricultura, ganadería, pesca, ocupación del suelo, minería, industria, transporte. Y, por supuesto, energía. Porque la generación, el transporte y el consumo de energía están en el origen de algunos de los mayores problemas ambientales. Precisamente por eso, utilizar la energía de forma responsable es fundamental para reducir nuestra huella ecológica y contribuir a la sostenibilidad del planeta.

La organización conservacionista WWF elabora periódicamente un estudio sobre la huella ecológica en el mundo. Los datos son reveladores: para satisfacer sus necesidades actuales, la humanidad está consumiendo una cantidad de recursos naturales equivalente a 1,6 planetas. De seguir así, en 2020 se necesitarían 1,75 Planetas, y 2,5 Planetas en 2050. Y en el caso concreto de España, que ocupa el puesto 22 del ranking mundial, ya necesitamos tres países como el nuestro para satisfacer nuestras demandas. Según WWF las recetas para cambiar esta tendencia pasan por “mejorar de forma urgente la manera en que producimos, escogemos y consumimos los recursos, sobre todo en los campos de la alimentación y la energía”.

Existen numerosas herramientas para calcular la huella ecológica y descubrir si nuestra forma de consumir puede calificarse de sostenible. Y ese es precisamente el primer paso que deberíamos dar: tomar conciencia de que podemos cambiar las cosas con nuestra actitud diaria.

Aquí van siete propuestas al alcance de todos que te ayudarán a consumir menos energía y a reducir tu huella ecológica:

1. Ahorra energía: la energía más limpia y más barata es precisamente la que no se consume. Apaga las luces cuando no se necesiten, utiliza electrodomésticos eficientes e iluminación LED, aísla bien tu casa, no abuses de la calefacción ni del aire acondicionado, utiliza la energía pasiva del sol para reducir consumos en iluminación y calefacción.

2. Considera  las energías renovables: las compañías eléctricas ofrecen ya la posibilidad de contratar energía de origen renovable, cuyos impactos ambientales son menores que los de las fuentes convencionales. Y considera también la instalación  de este tipo de energía en tu hogar, fundamentalmente para usos térmicos : solar, biomasa o geotermia. Sus precios se han reducido mucho en los últimos años.

3. Utiliza el transporte público, la bicicleta o camina siempre que sea posible para tus desplazamientos. Además de ahorrar energía son hábitos saludables que ayudarán a sentirte mejor y a disminuir la contaminación en las ciudades. Y si tienes que utilizar el coche particular, conduce de forma eficiente y trata de compartirlo con otras personas.

4. Reduce, recicla y reutiliza. Y trata de extender la vida útil de tus cosas. Los residuos implican grandes consumos energéticos, tanto en la generación de materiales desechables como en su posterior gestión. Las ingentes cantidades de plásticos que acaban en el mar demuestran, además, que esa gestión de residuos nunca es perfecta. Separa la basura en tu domicilio y utiliza los puntos limpios.

5. Ahorra agua: lograr que el agua potable llegue a nuestras casas exige un gran despliegue de infraestructuras y de energía. Lo mismo sucede después para depurar las aguas residuales antes de devolverlas al medio ambiente. Ahorrar agua es también ahorrar energía.

6. Consume alimentos locales y de temporada: no habrán tenido que recorrer miles de kilómetros hasta llegar a tu plato. Trata de reducir los alimentos procesados y el consumo de carne. Varios estudios calculan que una cuarta parte de la superficie terrestre se destina a alimentar el ganado, una actividad de consume grandes cantidades de recursos energéticos y de agua. Y que está ligada a la deforestación, la contaminación de acuíferos y el cambio climático.

7. Planta un árbol: los bosques, como el mar, son sumideros de CO2 que contribuyen a reducir los efectos del cambio climático. Cada vez son más comunes las campañas de reforestación en las que puedes colaborar para que aumente la superficie arbolada.