Uno de los aspectos claves que determina el confort de una vivienda es su aislamiento. Un buen o mal aislamiento incide directamente en las necesidades de climatización y en el gasto que conlleva, ya que estamos ante uno de los mayores consumos del hogar. Por ello, las características del aislamiento es uno de los datos fundamentales que se tienen en cuenta a la hora de realizar la certificación energética de un inmueble. Y por ello también, cualquier actuación de mejora del aislamiento térmico implica una mejora de la eficiencia energética de la vivienda.

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Si en invierno tenemos que tener siempre la calefacción encendida porque, en cuanto la apagamos se enfría la casa. O si en verano hay que contar con más horas de aire acondicionado de las deseadas porque no hay manera de refrigerarla, es posible que nuestra vivienda tenga problemas de aislamiento térmico. A veces no es solo nuestra vivienda sino la fachada y la cubierta de todo el edificio. En ese caso, conviene que las obras de reforma y rehabilitación sean acometidas por toda la comunidad de propietarios. Por ejemplo, para impermeabilizar la azotea o reparar grietas o daños en la fachada. Las soluciones técnicas de aislamiento térmico son diversas. Pero todas tienen algo en común: a la larga, contribuyen a evitar derroches energéticos y, por tanto, económicos. Aunque la inversión inicial nos parezca elevada, siempre compensa. Según los expertos, cualquier reforma de este tipo se amortiza en un periodo que puede ir de los cinco a los siete años.

España cuenta con 25 millones de viviendas y uno de los mayores parques de edificios obsoletos energéticamente. De esas viviendas, se calcula que hay unos 2 millones en mal estado de conservación. Además, el 90% de los edificios son anteriores a la aplicación del Código Técnico de la Edificación, aprobado en 2006, y el 60% de las viviendas españolas se construyeron sin ninguna normativa de eficiencia energética (son anteriores a la aplicación de la norma NBE-CT 79). Todo ello hace de la rehabilitación una excelente oportunidad para crear empleo. Según la Comisión de Infraestructuras y Urbanismo de la patronal CEOE, la actuación en unas 250.000 viviendas por año, con una media de 15.000 euros por intervención (desde la pequeña reforma hasta la rehabilitación integral) puede suponer 135.000 empleos directos.

Un ejemplo de lo que supone una obra de rehabilitación que tienen en cuenta la mejora de la eficiencia energética es la actuación sobre la envolvente térmica en el edificio “Óscar”, en la localidad madrileña de San Sebastián de los Reyes. Las obras, que concluyeron en julio de 2015, contaron con ayudas del PAREER-CRECE. La fachada exterior de este edificio de 80 viviendas se resolvió con una solución trasventilada cerámica de piezas porcelánicas de gran formato sobre una estructura de aluminio. En las fachadas de los patios interiores se empleó un sistema de aislamiento térmico exterior (SATE). Y se sustituyeron todas las ventanas por otras de aluminio con acristalamiento de triple vidrio. Bajo cubierta se reforzó el aislamiento con manta de fibra de vidrio de 10 cm. Y se mejoró la iluminación en zonas comunes y en el garaje con lámparas led.

La rehabilitación permitió que el edificio diera un salto de calidad. Su clase energética pasó de la E a la C en emisiones de CO2. Se han conseguido ahorros en energía final del 44%. Y la demanda de calefacción se ha reducido en un 53%, que en los casos de viviendas con orientación más desfavorable llega al 56%. La inversión total fue de 1.059.692 euros y la subvención del programa PAREER–CRECE ascendió a  240.000 euros (22,6% del total).

 

 

 

 

 

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