En pleno boom del ladrillo, durante la pasada década, los propios responsables políticos reconocían que una vivienda nueva en España consumía el 40% más de energía que otra construida, por ejemplo, en Francia. ¿La razón? Nunca consideramos prioritario el ahorro energético y el aislamiento en los edificios. Las viviendas consumen en España el 17% de toda la energía del país y las emisiones de gases de efecto invernadero causadas por los edificios han crecido más de un 20% desde 1990.

No es la primera vez que hablamos de certificación energética en el Blog de Luzía pero me gustaría insistir en el tema dada su relevancia y la confusión que todavía persiste. Desde junio de 2013 todos los edificios en España tienen la obligación de contar con un certificado de eficiencia energética. Así lo prevé el Real Decreto 235/2013 de 5 de abril, por el que se aprobaba el procedimiento básico para la certificación de eficiencia energética de edificios, tanto de nueva construcción, como existentes. La norma es una adaptación a nuestro reglamento jurídico de la Directiva 2002/91/CE de eficiencia energética de edificios, aprobada en 2002.

Ese certificado de eficiencia tiene una validez de diez años y debe evaluar la eficiencia energética del inmueble (edificio entero o parte del mismo), tanto en términos de consumo de energía como de emisiones de CO2, otorgándole una calificación que va de la A a la G, para consumo de energía primaria, y otra letra para emisiones de CO2.

Además de la información sobre sus características energéticas, el certificado debe incluir recomendaciones para la mejora de la eficiencia energética del inmueble. Todo ello con el objetivo de “fomentar el ahorro y la eficiencia, así como que el consumidor pueda valorar y comparar la repercusión del gasto en energía y emisiones de CO2 que va a tener su decisión a la hora de comprar o alquilar una vivienda”. De hecho, los cálculos previstos decían que la normativa conllevará “ahorros anuales de aproximadamente 32.000 toneladas equivalentes de petróleo, suponiendo que se realizarán actuaciones de mejora de la eficiencia energética en un 10% de los edificios certificados y se conseguirá un ahorro medio de un 20% con las medidas que se adopten”.

Para obtener el certificado energético de una vivienda hay que contratar los servicios de un técnico competente, tanto para edificios de nueva construcción como para aquellos existentes que se vendan o alquilen. Están exentos de la certificación los edificios histórico-artísticos , lugares de culto por actividades religiosas, así como  viviendas  que tengan un uso inferior a cuatro meses al año, como podría ser, por ejemplo un apartamento vacacional.

Con el fin de facilitar la obtención del certificado de eficiencia, el IDAE elaboró los programas informáticos CE3 y CE3X, que ha puesto a disposición de los técnicos certificadores, y que permiten ver diferentes soluciones reales con productos existentes en el mercado que podrían mejorar la calificación energética.

Hay, de hecho, una serie de recomendaciones para mejorar esa calificación. La calificación depende de diferentes aspectos como las características constructivas del edificio, su estado de conservación o su localización geográfica, ligada a unas condiciones meteorológicas determinadas. Por ello no es posible dar consejos genéricos. Pero sí hay algunos elementos de la vivienda que se consideran claves para el ahorro, y que, por tanto, pueden influir en la calificación. Por un lado está la envolvente, materiales y, en general, elementos constructivos; por tanto, puede afectar a una vivienda concreta o a todo el edificio. Incluye aspectos como mejoras en fachadas, cubiertas y huecos:

– sustitución de ventanas y vidrios por otros que aíslen mejor

– adición de aislamiento en cajas de persiana

– instalación de toldos y protectores solares

– aumento del aislamiento en la fachada

Por otro lado encontramos las distintas instalaciones dentro de la vivienda. Por ejemplo, equipos de climatización, producción de agua caliente sanitaria, iluminación (en el caso de edificios no residenciales):

– sustitución de calderas por otras de alto rendimiento

– instalación de calderas de biomasa

– instalación de bombas de calor

– instalación de colectores solares térmicos

– instalación de solar fotovoltaica

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