La etiqueta energética es una herramienta clave para entender la eficiencia de aparatos y equipos que consumen energía. Y que pueden tener una considerable vida útil. De ahí la importancia de prestar atención a los datos que aporta. Porque nos permitirá adquirir hábitos de consumo cada vez más responsables, ahorrar energía y, por supuesto, ahorrar dinero. La etiqueta orienta al consumidor hacia los aparatos más eficientes y respetuosos con el entorno y motiva a la industria a mejorar el diseño y la I+D+i para poder competir en el mercado.

La etiqueta energética debe acompañar obligatoriamente a electrodomésticos, pero hay también hay una etiqueta optativa para coches y un certificado energético de edificios, que también es obligatorio cuando se va a realizar una compra–venta o alquiler.

En el caso de los electrodomésticos tienen que llevar etiqueta:

– frigoríficos y congeladores

– lavadoras

– lavavajillas

– secadoras

– lavadoras-secadoras

– lámparas domésticas

– hornos eléctricos

– aire acondicionado

La etiqueta muestra siete clases de eficiencia identificadas por un código de colores y letras. Los colores van del verde al rojo y las letras, que antes iban de la A a la G, van ahora de la A+++ a la D, porque los aparatos han mejorado sus niveles de eficiencia. La etiqueta verde A+++ corresponde a los más eficientes, y la roja D a los menos.

Es una escala visual muy fácil de entender que ofrece, como decimos, una información del máximo interés para los consumidores. Sobre todo si tenemos en cuenta que entre los distintos niveles hay una diferencia de consumo energético de entre un 10% y un 15%. Para hacerse una idea de lo que esto supone vamos a abrir el frigorífico. Un frigorífico de clase A+++ tiene un consumo inferior al 24% del consumo medio de un aparato equivalente. Dicho de otro modo, gasta solo una cuarta parte de electricidad comparado con la media de frigoríficos.

Es decir, si optamos por electrodomésticos más eficientes, nuestra factura de la luz puede llegar a reducirse sensiblemente. Además de los datos de eficiencia energética, con estimaciones del consumo anual de energía en kilovatios hora (kWh), la etiqueta incluye otra información del máximo interés como la eficacia de lavado o el consumo de agua en lavadoras y lavavajillas, la capacidad de congelación en frigoríficos, el nivel sonoro en aparatos de aire acondicionado, etc.  

 Iluminación

En este caso, la etiqueta incluye información sobre los lúmenes, que indican la cantidad de luz que aporta la lámpara; los vatios, que expresan la potencia, y las horas estimadas que funcionará la lámpara. Así podemos saber que una bombilla tradicional de 100W y una de bajo consumo de 20W proyectan la misma luz y consumen solo una quinta parte. Además, duran mucho más.

La irrupción de la tecnología LED en el mercado de la iluminación doméstica –con sus precios cada vez más competitivos y su extraordinaria eficiencia– ha sido tan espectacular que está desplazando con rapidez al resto. De hecho, a la eliminación gradual de las bombillas incandescentes, que ya han desaparecido en la Unión Europea, se unirá pronto la prohibición de las lámparas halógenas, previsiblemente en 2018.

Coches

La etiqueta energética de los coches no es obligatoria. Pero el IDAE dispone desde 2002 de una base de datos en la que puedes obtener información detallada y comparativa sobre el consumo de carburante y las características de los coches nuevos puestos a la venta en España y a la que se puede acceder desde su página web. El cálculo de la etiqueta se apoya en la comparación entre el consumo de cada vehículo en función de su superficie, comparado con la media de su tamaño.

En la base de datos de IDAE figuran más de 15.000 modelos de turismos y furgonetas, diferenciados por gasolina y gasóleo, así como otras tecnologías alternativas: eléctricos, híbridos, alimentados con GLP (gas licuado de petróleo) o GNC (gas natural comprimido) y biocarburantes.

Esta etiqueta debe contener, como mínimo, la descripción del vehículo (marca, modelo, tipo de combustible), el consumo oficial de carburante expresado en litros por cada 100 km, la equivalencia en kilómetros recorridos por cada litro de combustible repostado y las emisiones de CO2 expresadas en gramos por km recorrido. También los neumáticos tienen etiqueta energética que informa no sólo acerca del consumo de carburante asociado al vehículo, sino también acerca de la seguridad en la circulación ya que se etiqueta la adherencia a superficies mojadas, por ejemplo…

Uno de los objetivos perseguidos por esta herramienta es conseguir que el etiquetado energético comparativo que gestiona IDAE sea obligatorio en todos los puntos de venta y/o alquiler de vehículos, ya que el Real Decreto 837/2002 solo lo considera optativo.

Certificado energético de edificios

La vida útil de una vivienda puede superar los 100 años. Por eso es muy importante cuidar su calidad energética para evitar un derroche de energía y dinero. El 1 de junio de 2013 entraba en vigor el certificado energético obligatorio para la venta o alquiler de viviendas. La finalidad de este certificado –de obligado cumplimiento por la trasposición de la Directiva 2010/31/UE de Eficiencia Energética de Edificios– es lograr que las viviendas aprovechen la energía de forma óptima, e informar a las que obtienen peor calificación, recomendando actuaciones que mejoren su eficiencia energética. Aplicar esas recomendaciones ofrecidas en el certificado energético nos puede generar a la larga importantes ahorros. Por ejemplo, mejorar una letra la calificación energética de una vivienda, puede suponer una reducción potencial de entre un 30 y un 45% de consumo energético medio en climatización.

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